La provincia concentra el sistema educativo más grande del país y destina uno de los presupuestos más importantes a la educación. Sin embargo, los indicadores de asistencia, comprensión lectora y calidad de los aprendizajes muestran que el tamaño del sistema y el esfuerzo económico todavía no logran traducirse en mejores resultados. ¿Qué está fallando?
El gigante educativo argentino
Buenos Aires reúne cerca de cinco millones de estudiantes, más de 550.000 docentes y miles de establecimientos educativos distribuidos en 135 distritos. Ninguna otra jurisdicción posee una estructura de semejante magnitud, por lo que su desempeño termina siendo un reflejo de buena parte de los desafíos que enfrenta la educación argentina.
El Gobierno provincial destaca el incremento de la inversión educativa y la ampliación de las políticas públicas destinadas al sector. Sin embargo, la dimensión del sistema obliga a mirar más allá de los anuncios y evaluar si esos recursos están generando mejoras concretas en los aprendizajes.
El ausentismo, una preocupación cada vez mayor
Uno de los datos más inquietantes surge del nivel de asistencia escolar. De acuerdo con los informes elaborados sobre la base de las pruebas Aprender 2024, el 66% de los estudiantes secundarios bonaerenses acumuló quince o más inasistencias durante el año, el porcentaje más alto del país.
La propia Dirección General de Cultura y Educación reconoce promedios superiores a treinta faltas anuales por alumno. Más preocupante aún es que muchos adolescentes afirman que una de las principales razones para faltar es simplemente que no tienen ganas de asistir a la escuela.
La asistencia dejó de ser un indicador administrativo para convertirse en un problema pedagógico. Cada jornada perdida representa menos oportunidades para aprender y mayores dificultades para sostener las trayectorias escolares.
La alfabetización continúa siendo la principal deuda
Las pruebas Aprender Alfabetización 2024 muestran otra señal de alarma: solo el 43,7% de los alumnos bonaerenses de tercer grado alcanza los niveles esperados de comprensión lectora.
Esto significa que más de la mitad de los niños de nueve años presenta dificultades para comprender un texto acorde a su edad, una limitación que luego repercute en todas las áreas del conocimiento.
A ello se suma una marcada desigualdad entre sectores. Mientras las escuelas privadas obtienen mejores resultados, el sector estatal, donde estudia la mayoría de los alumnos bonaerenses, continúa mostrando desempeños considerablemente inferiores.
Mucho presupuesto, poco margen para transformar
La provincia destina aproximadamente un tercio de su presupuesto a educación. Es un esfuerzo significativo que demuestra la prioridad que ocupa el área dentro de las cuentas públicas.
Sin embargo, cerca del 90% de esos recursos se destinan al pago de salarios docentes. Esto deja un margen reducido para infraestructura, mantenimiento, equipamiento tecnológico y mejoras edilicias.
El desafío no pasa por discutir la importancia de los salarios -que son indispensables-, sino por encontrar un equilibrio que permita sostener mejores condiciones laborales sin resignar inversiones que también impactan en la calidad educativa.
Cuando controlar no alcanza para mejorar
Buenos Aires posee uno de los sistemas de supervisión educativa más desarrollados del país. Sin embargo, los bajos niveles de aprendizaje y los problemas de asistencia demuestran que el control administrativo, por sí solo, no garantiza mejores resultados.
La escuela necesita liderazgo pedagógico, acompañamiento a los equipos directivos y docentes, seguimiento de los aprendizajes y decisiones basadas en evidencia. La mejora educativa requiere mucho más que procedimientos formales.
También hay avances que deben reconocerse
Sería injusto presentar un panorama exclusivamente negativo. La Provincia desarrolló herramientas digitales para el seguimiento de estudiantes, impulsó programas de intensificación pedagógica y sostuvo la oferta educativa pública en un contexto económico complejo.
Son iniciativas valiosas, aunque todavía insuficientes para revertir indicadores que continúan mostrando dificultades persistentes en aprendizajes y permanencia escolar.
El verdadero debate
La discusión educativa no debería centrarse únicamente en cuánto dinero se invierte o cuántos días de clase figuran en el calendario escolar.
La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿los estudiantes están aprendiendo más?
Porque una política educativa se valida cuando logra que los chicos permanezcan en la escuela, comprendan lo que leen, desarrollen conocimientos significativos y encuentren allí oportunidades para construir su futuro.
Buenos Aires, por su dimensión y por su peso institucional, tiene la responsabilidad de liderar esa transformación. Los datos muestran que todavía queda un largo camino por recorrer.
Lic. Fernando Bonforti
Director de FB Educación & Gestión – Analista del sistema educativo argentino
Instagram: @fb.educacion.gestion
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