Lo que hasta hace pocos años parecía una tecnología reservada a prototipos y maquetas hoy comienza a transformar una de las industrias más tradicionales del mundo: la construcción.
En Argentina, un proyecto apuesta a desarrollar viviendas impresas en 3D utilizando plástico reciclado proveniente de residuos generados por la propia actividad de fabricación aditiva, combinando innovación, sustentabilidad y economía circular.
La iniciativa busca aprovechar materiales que actualmente terminan descartados para reincorporarlos al proceso productivo y convertirlos en soluciones habitacionales. Además, las impresoras 3D para construcción que se encuentran en desarrollo local prometen reducir hasta un 40% los costos de obra, acortar significativamente los tiempos de ejecución y disminuir el desperdicio de materiales.
Según sus impulsores, la tecnología también podría democratizar el acceso al diseño arquitectónico, permitiendo una mayor personalización de viviendas y generando nuevos puestos de trabajo vinculados al modelado digital, el diseño 3D y la fabricación aditiva. En un mercado global que podría alcanzar los US$179.800 millones hacia 2034, la impresión 3D ya dejó de ser una herramienta experimental para convertirse en una de las grandes apuestas del futuro de la construcción.


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