EDUCACIÓN

25 de Julio de 2026

La escuela también necesita una Scaloneta

Durante años, la Selección Argentina buscó explicaciones en los lugares equivocados. Cuando perdía una final, el problema parecía ser Messi; cuando el rendimiento no convencía, las dudas recaían sobre uno u otro jugador. Sin embargo, el tiempo terminó demostrando que el verdadero cambio no pasó por las individualidades, sino por la construcción de un proyecto. Tal vez esa sea una de las enseñanzas más valiosas que el fútbol puede ofrecerle hoy a la educación argentina.

La diferencia nunca fue Messi

Hubo una época en la que parecía que todo dependía de Lionel Messi. Se analizaban sus gestos, sus declaraciones, su forma de jugar y hasta su manera de caminar dentro de la cancha. Cada derrota reforzaba la idea de que el problema tenía nombre y apellido.

En la escuela solemos cometer el mismo error.

Cuando una institución atraviesa dificultades, rápidamente aparecen los responsables. El director "no conduce", los docentes "no se comprometen", las familias "no acompañan" o los estudiantes "ya no son como antes". Cambian los protagonistas, pero la lógica es la misma: creemos que los problemas complejos pueden explicarse señalando a una persona.

La Scaloneta demostró exactamente lo contrario. Messi siempre fue el mismo. Lo que cambió fue el equipo que lo rodeó.

Las escuelas también mejoran cuando dejan de buscar culpables y empiezan a construir proyectos.

 

Scaloni no cambió los jugadores; cambió la manera de jugar

Lionel Scaloni no heredó una generación de futbolistas desconocidos. La mayoría ya había disputado Mundiales, Copas América y finales internacionales. El talento estaba. Lo que faltaba era una idea que lograra ordenar ese talento.

Eso también ocurre en muchas instituciones educativas.

Hay escuelas con excelentes docentes que trabajan como si cada aula fuera un mundo independiente. Hay directivos comprometidos que resuelven problemas todos los días, pero sin lograr que el conjunto avance hacia un mismo horizonte. Hay equipos llenos de capacidad individual que nunca llegan a convertirse en una verdadera comunidad profesional.

El liderazgo no consiste solamente en tomar decisiones. Consiste en darle sentido al trabajo de los demás.

Eso fue lo que hizo Scaloni.

Eso es lo que necesita hacer cualquier equipo directivo.

 

Nadie gana solo

Uno de los mayores aciertos de la Selección fue abandonar la dependencia de las figuras. Cuando Di María no estuvo, apareció Julián Álvarez. Cuando faltó un defensor, el equipo respondió igual. Cuando Messi tuvo un partido discreto, otros asumieron el protagonismo.

Eso solo ocurre cuando el funcionamiento colectivo está por encima de las individualidades.

Las escuelas necesitan exactamente la misma lógica.

Una institución que depende exclusivamente del director está condenada a volver a empezar cada vez que cambia la conducción. Una escuela que necesita que un solo docente impulse todos los proyectos tampoco logró construir una verdadera identidad institucional.

Las organizaciones sólidas no funcionan porque tienen personas extraordinarias. Funcionan porque logran que muchas personas comunes trabajen extraordinariamente bien juntas.

 

La continuidad también educa

Durante décadas, la Selección Argentina cambió entrenadores con una velocidad que hacía imposible consolidar una idea de juego. Cada proceso comenzaba desde cero, con nuevos diagnósticos, nuevas prioridades y nuevas formas de trabajar.

La educación argentina conoce demasiado bien esa historia.

Cada gestión modifica programas, redefine prioridades y reemplaza iniciativas antes de que puedan demostrar sus resultados. Las escuelas terminan adaptándose permanentemente a cambios que rara vez alcanzan el tiempo suficiente para consolidarse.

Los proyectos necesitan continuidad.

Scaloni entendió que los equipos no se construyen de un día para otro.

La educación todavía tiene esa materia pendiente.

 

La discusión que no podemos seguir postergando

En las últimas semanas volvió a instalarse el debate sobre la Libertad Educativa. Es una discusión legítima. Las familias tienen derecho a expresar qué educación desean para sus hijos y el Estado tiene la obligación de garantizar ese derecho.

Pero quizás la pregunta más importante sea otra.

¿Cómo fortalecemos nuestras escuelas para que cualquier familia quiera elegirlas?

La experiencia de la Scaloneta deja una enseñanza clara: los resultados no aparecen por casualidad ni dependen exclusivamente del talento individual. Son consecuencia de instituciones que saben hacia dónde van, que sostienen un proyecto y que trabajan colectivamente para alcanzarlo.

 

La verdadera lección de la Scaloneta

La mayor enseñanza que dejó la Selección Argentina no fue levantar una copa. Fue demostrar que ninguna organización alcanza su máximo potencial cuando depende solamente de sus figuras.

La educación debería tomar nota.

Seguimos esperando al director que resolverá todos los problemas, al docente que transformará la escuela o a la reforma que cambiará el sistema. Tal vez estemos buscando las respuestas donde nunca estuvieron.

Scaloni no construyó un equipo para que Messi fuera campeón. Construyó un equipo donde todos pudieran rendir al máximo.

Ese es, quizás, el desafío más urgente de nuestras escuelas.

Porque las instituciones más valiosas no son las que encuentran héroes. Son las que aprenden a jugar en equipo.

 

Lic. Fernando Bonforti
Director de FB Educación & Gestión
Consultor en Gestión Educativa | Analista de Políticas Educativas

IG: @fb.educacion.gestion

 

FB Educación & Gestión es un espacio dedicado al análisis de políticas públicas en educación, la formación de equipos directivos y el acompañamiento a instituciones comprometidas con una educación de calidad.


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