ACTUALIDAD

30 de Marzo de 2026

La fábrica de sociopatía: El adolescente como síntoma del belicismo civilizatorio

De la pedagogía del control a la insurrección terapéutica

/ por Adrián Quinteros

Lo sucedido este lunes en la escuela normal de Santa Fe, donde el patio se transformó en un escenario de tragedia y muerte entre pares, no puede leerse simplemente como un hecho policial. Es el grito último de un sistema que ha fragmentado los lazos humanos hasta volverlos irreconocibles. En ese adolescente tirador no hay solo un estallido individual; se condensan décadas de desintegración social y el triunfo de un individualismo tecnicista y belicista que ha operado pedagógicamente sobre los cuerpos. El aula, despojada de su función de cuidado y reparación, aparece hoy como el espejo roto de nuestra civilización, dejando ver la mano de una lógica perversa que utiliza el control y la separación como único orden posible.

Esta "fábrica de sociopatía" comienza mucho antes del disparo: se ensaya en la mesa familiar bajo el clima del aislamiento y se consolida en una escuela que replica la lógica del gendarme.

Cuando el sistema reprime a docentes y abuelos, el mensaje para el joven es claro: la autoridad no es el saber ni la transmisión, sino la fuerza física sobre el otro. Bajo esta estructura operan los tres jinetes del apocalipsis sociopático —la economía del descarte, la sociología de la estadística y la publicidad del deseo violento—, fuerzas que han naturalizado la operatoria del maltrato como forma de vinculación socio-afectiva. El prójimo ha dejado de ser un semejante para convertirse en un objetivo a abatir, una pieza sobrante en un tablero de dominación.

Frente a esta inercia de muerte, se vuelve urgente una insurrección terapéutica. Necesitamos que las categorías éticas del psicoanálisis y las herramientas de la psicología social imperen finalmente sobre la fría gestión de la conducta. No se trata de "administrar" el síntoma, sino de transformarlo en palabra colectiva. Urge dar un paso atrás para desmantelar este belicismo cotidiano y recuperar la capacidad de mirar al otro sin la mediación del odio. Solo una clínica de lo social, comprometida con la reparación del tejido humano, podrá detener la maquinaria que hoy convierte a nuestros niños en verdugos de su propia generación.

 

Sobre el autor:

Adrián Quinteros es artista, docente y gestor cultural. Su trabajo e investigación se centran en los cruces entre el arte, la salud mental y la ecología social. Coordina dispositivos de reparación comunitaria y es el impulsor de "Un paso atrás", una propuesta pedagógica que busca transformar el síntoma en expresión poética y colectiva.


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