Desorganización alimentaria

08 de Marzo de 2021

¡Solo sé que no comí nada!

Nuestro desorden cotidiano y la falta de tiempo ¿influyen en la forma de alimentarnos?

/ Por Lucía Cortinovis 

Las enfermedades actuales y la mal nutrición se deben, en general, a que no damos prioridad a nuestra alimentación, no planificamos nuestras comidas, no organizamos que vamos a comer. Sin embargo, cuando alguien llega a una situación crítica de sobrepeso, hipertensión o diabetes, solemos creer  que se debe a la falta de voluntad o la desgracia metabólica.

Existe un modelo de desorganización alimentaria muy común que se caracteriza por comer cuando podamos y lo que tenemos a mano. Esto se debe a que nos levantamos con el tiempo justo para ir al trabajo o cumplir con las actividades diarias, muchas veces sin darnos tiempo para hacer la primer comida del día.

¿Cuántas veces salimos de casa en ayunas o desayunamos solamente un té, un café o unos mates? Por las mañanas  dedicamos  nuestra energía a actividades demandantes, algunas incluso estresantes, pero no prestamos atención a nuestro registro del hambre, muchas veces no  comemos nada hasta el mediodía o primeras horas de la tarde a menos que un compañero de la oficina se pase con un paquete de medialunas y active nuestro centro del hambre o un colega decida festejar su cumpleaños en el trabajo y reparta sándwiches de miga y masitas.

¿Cuántas veces recordamos a las dos de la tarde que tenemos que comer y buscamos entre las opciones cerca a nuestra oficina? Es común que nos inclinemos por opciones prácticas y rápidas, carentes de variedad nutricional, ricas en carbohidratos y grasas, que estimulan la palatabilidad y carguen de glucosa la sangre.

Es habitual que luego de cargar con una buena dosis de carbohidratos a primera hora de  la tarde, continuemos sin pausa hasta llegar a la tarde-noche, cuando volvemos del trabajo. Esta desorganización alimentaria hace que cuando tengamos hambre, corramos a atacar la heladera o devorarnos sin pausa un paquete de galletitas.

Mientras cocinamos la comida de la noche picamos una galletitas dulces que sobraron, armamos un sándwich casual, tomamos un café con leche, la merienda se transforma  en una cena sin que nos demos cuenta. Se continúa con la cena, comemos abundante, para compensar las carencias del día. “Claro, si no comí nada”, piensa uno. El día está por terminar y nosotros hacemos ingresar una bomba de combustibles en nuestro cuerpo.

Los nutrientes ingeridos cuando seguimos un modelo de desorganización alimentaria confirman excesos en los niveles recomendados de pan, azúcar, bebidas azucaradas, carnes grasas, fiambres, quesos grasos, galletitas dulces, facturas, alfajores, lácteos enteros y conservas que aportan el mayor porcentaje de calorías sugeridas para un día.

“La organización es la base de todo plan pero no implica que la alimentación deba ser estructurada, rígida y monótona”.

Nuestro plan de alimentación debe acompañarnos en nuestras decisiones diarias y ser flexible, adaptado a nuestras necesidades, personalidad, gusto, tiempos, actividades y sobre todo, debe entender nuestro metabolismo.

 

Lucia Cortinovis - Lic. Nutrición MP 4151 - MN 8929

CONSULTORIO MÉDICOS RAWSON: 03489 290440cmrdrapp@gmail.com

INSTITUTO SUPERIOR DE NEUMONOLOGÍA Y ALERGIA: 03489 422799

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